El silencio místico

• El silencio místico es la melodía más ruidosa compuesta por lo creado, pues se ha dejado hablar a lo divino. El ruido no necesariamente es tal desde todos los puntos de vista. El místico, músico de profesión, percibe las sutilezas del ruidero, haciendo de los sonidos dispersos la sinfonía mas detallada nunca antes escuchada, que de armoniosa no tiene poco, no menos de perspicaz y demasiado, eso sí de precisión dulce, dulce como la canela disuelta en el café, es decir, homogénea.
Es aquí cuando la amargura del café ha desaparecido, pero conserva un conjunto de aromas que abrazan la soledad y calientan del frio del distanciamiento de la amistad, llamando a conseguirla de nuevo.

• Canta, pues, nuestro músico, con emoción cual enamoramiento mancebo, con sentimiento comparable solamente a las situaciónes límite que convierten nuestra vida en distinta totalmente a lo anterior vivido; canta el ritmo percibido armoniosamente por él. Le obliga, en obligación espontánea. Quiere, por necesidad, cantarle a los demás esta armonía que ha mejorado en grado sumo su vida, compartirla, cantarla, !gritarla!
• Oimos ruidos, nosotros incapaces de entender la música hecha con escrutinio constante. Pero no somos incapaces por esencia, no. Somos incapaces pues en ningún momento hemos tenido contacto con la música. Hemos escuchado, en el mejor de los casos, acerca de las notas, y sobre el pentagrama, y sobre los instrumentos, y sobre los músicos, y sobre los reproductores de música, pero no, no hemos estudiado música, y menos hemos desarrollado la sensibilidad de llorar con el compositor, de reir ante acordes graciosamente acompañados de pizcas de chistecillos; no hemos desarrollado la sensibilidad para ponernos tensos ante la angustiante terquedad de compaces interminables, de enojarnos ante la aparición de silencios indeseados, ni de enomorarnos junto con la melodía del violín, que le canta al viento. No, ese viento no se lleva sin más las notas, sino que las transporta a oídos diestros. A Oídos místicos.
• ¿Es, pues, el silencio que se requiere a todo místico, una capacidad única de místicos? No. Es desarrollable.
• ¿Es posible escuchar, enconces, el silencio místico? En la medida del desarrollo del oído musical, sí. En la medida de la posibilidad de acompañar un rico café con el violín y el piano de la naturaleza, teniéndolos por amigos; con nuestro estéreo que grita la belleza de los humanos, con el canto, fuerte y nunca débil de la lluvia, que empapa nuestra imperturbabilidad impidiéndonos estar secos de felicidad.

entonces… “¿es silencio o música??” traté de amenzar con esta frase del inicio: “El silencio místico es la melodía más ruidosa compuesta por lo creado, pues se ha dejado hablar a lo divino”. Las palabras divinas son las captadas de manera tal por el humano incapaz de lenguaje divino, que metaforiza, necesariamente, aquel lenguaje que de cotidiano tiene no mucho. Es decir, considero que el místico, ya en el estado del silencio, “estando en” ese estado, no puede simplemente no oir cosas, que en términos comúnes sería el llano “silencio”, sería un silencio sólo en el sentido apofático pseudo-dionisíaco, no, y aquí mi hermenéutica, un callar divino. Al contrario, metaforizando, se oyen tantas cosas, se perciben tantas sutilezas sublimes, se sobrecarga nuestra percepción humana contingente con tanto trascendente, que no comprende, es decir, “oye ruidos”.

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