La teoricidad actual de la religación. Obligatoriedad del quehacer filosófico y universitario.

Se ha de establecer en este esbozo que únicamente desde la existencia se da la posibilidad real de apertura del hombre a la realidad trascendental, es decir, religación. Para ello le es necesario al hombre la remisión a las cosas mismas, primer momento, lugar de apertura de la posibilidad de condición esciente de lo trascendente, segundo momento. El primer momento es estructurado desde el quehacer de la vida intelectual en tanto que ciencia (despliegue de una inteligencia poseída por la verdad: XUBIRI, X., Nuestra Situación Intelectual, en Naturaleza, Historia, Dios,  Editora Nacional, Madrid, 1963, p. 22.), de donde su carácter de obligatoriedad ante todo racional, supuesto fontanal. Por tanto, llegar a la realidad trascendental fundamento supone un previo desarrollo teorético (que no exclusividad intrínseca a la apertura a lo trascendente, de otro modo, sería exclusión obligada la humanidad no empeñada a lo abstracto) seguido por necesidad de una praxeología, pues buscar y encontrar la verdad a través de la razón y proclamarla a través de la palabra es un quehacer específicamente universitario, institución a la que le es esencial el cultivo del saber racional tanto como ponerse en contacto con la sociedad constantemente (v.g. preparación de profesionales, ofrecer saberes y técnicas en orden al establecimiento del bien común, resolución de problemas contextuados, etc.).

Es notoria la perenne necesidad del vasto análisis de la realidad, atendiendo, a partir de la conciencia de las realidades objetivas, al carácter ínsito del actuar resolutivo, en otras palabras, una vez anclados en la realidad (zu den Sachen selbst), habrá que encargarse de ella (Cfr. ELLACURÍA, I., Universidad y Política, recogido en Veinte años de historia en El Salvador. Escritos políticos, Tomo I, El Salvador, UCA editores, 1991).
Retomando lo anterior, diremos que la vida intelectual tiene una importancia inigualable, de donde se sugieren como necesarias dos consecuencias: responder a nuestra situación intelectual actual; y la religación como ruta en donde el hombre entra en sí mismo y llega a Dios (Cfr. ZUBIRI, X., Op.cit., Nuestra…, p. 25). “Mientras, para un griego, la forma suprema de la praxis fue la teoría, para el hombre contemporáneo la teoría va quedando tan alejada de lo que llama “vida”, que, a veces, viene a resultar lo teórico sinónimo de lo no verdadero, de lo alejado de la realidad” (Ibidem, p. 29).

No cabe aquí sino señalar los distintos momentos que Zubiri desarrolla ampliamente en su artículo (Cfr. Ibidem, pp 4 – 31). Pues bien, el análisis de la situación intelectual de Zubiri lo llevó a afirmar del positivismo la forma reductiva de las cosas a los hechos, y de éstos a datos sensibles. En última instancia el problema es el del ser, que no es otra cosa que el olvido teórico y efectivo de pensar. Hay, también, una desorientación del mundo ocasión de la pérdida de las cosas del mundo y, por último, una ausencia de la vida intelectual, olvido de que el hombre y su pensamiento se entiende en y con las cosas.

El ejercicio teorético, en tanto orientado al conocimiento y no a la acción, conducirá a bien la pretensión de reducir las cosas a meros hechos y éstos a datos sensibles, dando posibilidad a una correcta idea del ser, fundamento del esclarecimiento de la concepción del mundo, mundo en tanto “totalidad en la que se da y puede darse cada una de las cosas” ( Ibidem, p. 16.). Para Zubiri, en este aspecto, la inteligencia reviste la forma misma de las cosas, de donde el acuerdo del pensamiento con las cosas es la verdad, es decir, la actualidad de la realidad en la intelección. Esta relación de pensamiento con las cosas es previo al ejercicio de la función intelectual (Cfr. Nota 8 ) .

Consiguientemente, en caso de querer superar las desviaciones de la situación intelectual, se ha de realizar la ciencia justa, justa en tanto es el despliegue de una inteligencia poseída por la verdad, y si la verdad es el acuerdo pensamiento-cosas, entonces ciencia es el despliegue de una inteligencia arraigada a la existencia. Y ésta es la religación misma, lo veremos a continuación.

El ejercicio de la religación nos elevará desde el arraigo mismo a la existencia, supuesta la vida intelectual, a lo trascendente. Es necesario dejar en claro que con “ejercicio de la religación” no nos referimos a la parte activa del hombre en volición, al contrario, por estar implantados en la realidad, primer momento que abordamos, el poder de lo real, que es mi fundamento y parte constitutiva de mi realidad personal, es el impulso que necesito para estar haciéndome, de donde se sigue que no “vamos” a la realidad, sino “venimos” de ella. Y éste apoderamiento que nos liga al poder de lo real es precisamente la religación (Cfr. ZUBIRI, X., El hombre y Dios, Alianza Editorial/Fundación Xavier Zubiri, Madrid, 1994, p. 92 – 93).

Hay, sin embargo, que anotar que, para mayor comprensión de algunos conceptos zubirianos ni siquiera atisbados en este ensayo, empero utilizados (a saber, realidad, poder de lo real, apoderamiento, realidad absolutamente absoluta, religación, persona, etc.) será prudente confrontar los textos principales de nuestro autor (sobretodo: “Sobre la esencia” y la trilogía “Inteligencia Sentiente”).

El ejercicio praxeológico realizado contextualmente, partiendo de la verdad racional y con la acumulación de saberes verdaderos, “puede proyectarse hacia fuera y convertirse en conciencia critica y constructiva, profética y utópica de la sociedad, puede influir en la conciencia colectiva y en los movimientos y grupos que dirigen procesos liberadores, y todo ello para configurar una sociedad justa” (Cfr. SOBRINO, J., Ignacio Ellacuría, el hombre y el cristiano, Ediciones Ega, Bilbao, 1994, p. 23ss).

Ellacuría, colaborador cercano a Zubiri, ya lo ha notado. Para él, desde Zubiri, el análisis de la inteligencia lo lleva a determinar 3 niveles. El primer nivel, nivel noético, es estar encarnados en la realidad; el segundo nivel, el nivel ético, es el presupuesto de que la inteligencia es interpelada por la realidad y debe responder a la exigencia de la interpelación, y el tercer nivel, el nivel práxico, hace que se tome a su cargo un quehacer real. No es mera abstracción. El enfrentarse con las cosas reales supone, pues, un estar en la realidad, y además se añade la exigencia para atender los compromisos reales (en resumen: hacerse cargo de la realidad, cargar con la realidad y encargarse de la realidad) (Cfr. Ellacuría,I., Hacia una fundamentación filosófica del método teológico latinoamericano, ECA 322/323, 1975, p. 419).

La respuesta a los problemas de cada contexto la puede y la debe dar la universidad a partir de la verdad racional y con la acumulación de saberes verdaderos. La causa es que la universidad puede proyectarse hacia fuera y convertirse en conciencia critica y constructiva, profética y utópica de la sociedad (Las categorías de profecía y utopía, liberación y justicia, atienden a un desarrollo sistemático realizado por Ellacuría. Se han de tomar en cuenta algunos de sus artículos como “Función liberadora de la filosofía”; “La realidad histórica como objeto de la filosofía”; “Universidad y Política”; “Utopía y Profetismo desde América Latina”; su libro “Filosofía de la realidad histórica”, etc.), puede influir en la conciencia colectiva y en los movimientos y grupos que dirigen procesos liberadores, y todo ello para configurar una sociedad justa.

Ahora bien, lo que hemos querido esbozar en este ensayo responde a una inquietud personal y específica: ¿para qué sirve la filosofía? ¿Qué tiene que ver ésta con Dios?

No sobra recordar las palabras de León XIII (en la encíclica Aeterni Patris) “Que si la razón natural ha producido esta rica cosecha de sabiduría antes incluso de haber sido fecundada por la virtud de Cristo, ciertamente la producirá todavía más generosa cuando la gracia del Salvador haya restablecido y aumentado las facultades naturales del espíritu humano” He aquí que la filosofía está al servicio de la razón y de sus fines, pero es una razón natural puesta en estado de gracia (Cfr. GILSON, E., El filósofo y la teología, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1962, p. 230).

¿Qué se pretende afirmar? Ciñéndonos al desarrollo zubiriano, afirmamos el recorrido nuevamente: Hay necesidad de establecer, a causa de haberse perdido, la relación entre las cosas y el pensamiento, ésta es la verdad. El ejercicio del despliegue de la inteligencia poseída por la verdad es la ciencia. Por tanto, Hacer ciencia nos remite necesariamente a las cosas mismas. Pero atender a la realidad que “es”, a la realidad que “está” y a la realidad que nos “está presente” nos  religa a la realidad trascendente, es decir, a Dios. Y el carácter mismo de estar en la realidad, añadido el del compromiso cristiano, requiere poner en práctica desarrollos reales que conlleven el mejoramiento de la sociedad, que establezcan cada vez más adecuadamente y en mayor grado un estado de bienestar, bien social.

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