La disección del yo. En la era de la genética molecular.

Presentación del cap. 12 “La disección del yo“, del libro de Philip Kitcher, Las vidas por venir .

En la era de la genética molecular, que ya no amenaza la concepción del yo como lo hicieron antes la astronomía heliocéntrica y la biología evolucionista, sino sutil y gradualmente, presenta la posibilidad de diseccionar el yo, de entender las minucias de los mecanismos que dan origen a nuestros pensamientos, emociones y actos más importantes. Bosqueja la idea de que los seres humanos sólo son sistemas físicos complicados, la idea de que ciertas características de nuestra existencia son producidas por la interacción de las moléculas.
Sin embargo, mientras podamos tratar los detalles moleculares como algo que sólo es relevante para la división entre la salud y la enfermedad, entre el funcionamiento pleno del ser humano y las dolorosas pérdidas, será posible conservar la idea de que damos forma a nuestra existencia, que la felicidad no es cuestión de una contingencia molecular, sino la expresión de decisiones, profundas e importantes.
El descubrimiento de los procesos moleculares complejos que están en la base de nuestros sentimientos y pensamientos no tiene por qué desplazar nuestra forma normal de concebirnos, explicar un estado o proceso psicológico en términos biológicos no necesariamente es desembarazarse de él.
Los estados que producen la respuesta emocional no sólo se pueden describir en términos moleculares, sino que también es posible entenderlos psicológicamente como pensamientos y sentimientos acerca de situaciones humanas. La explicación molecular podría revelar lo variadas que son las conexiones entre el estado que producen respuestas cognitivas y emotivas, pero sondear los mecanismos que están detrás de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones no tiene por qué restarles valor.
Más allá de contraponer la libertad humana a la causación, como conformadores primordiales de nuestro “yo”, habrá que resaltar que lo verdaderamente importante de la imagen de la libertad humana es el hecho de que las metas, los ideales, planes e intenciones que nos proponemos son la fuente de nuestras acciones, y éstas dependen de nuestras opiniones sobre lo que en nuestra vida es importante, y el valor que le otorguemos. La libertad no es cuestión de actuar con base en deseos que nos son impuestos, sino de expresar las inclinaciones que están estrechamente ligadas a nuestra identidad, pues ser libre involucra formarse una concepción de quienes somos.
Es por eso, a partir de lo mencionado, que las reflexiones que anteceden a las decisiones en materia de reproducción se deben concentrar en la calidad de las vidas que resultarán, y en establecer conexiones intuitivas, aunque vagas, con la posibilidad de evitar el sufrimiento humano.  La tragedia de muchas enfermedades genéticas no es que produzcan gran dolor – aunque algunas sí lo producen -, sino que impiden que se desarrolle un yo. La posibilidad de la libertad humana queda obliterada desde el principio. Por eso, la libertad humana es central para evaluar la calidad de vida.

Kitcher, P., Las vidas por venir. La revolución genética y sus posibilidades para los seres humanos, UNAM, México, 2002, pp. 265 – 278.

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