El origen de universo ¿Qué se ha dicho? Una breve semblanza

eben so werden sie von dem Weltgebäude nichts mehr zu kennen nöthig haben, als nöthig ist, dem Amblick des Himmels an einem schönen Abende ihnen rührend zu machen, wenn sie einigermassen begriffen haben, dass noch mehr Welten und daselbst noch mehr schöne Geschöpfe anztreffen ist.

de igual manera, del universo sólo tienen que conocer lo necesario para conmoverse ante el espectáculo del cielo en una hermosa noche, habiendo comprendido de alguna manera que existen otros mundos y que en ellos se han de encontrar otras bellas criaturas.1

¿Qué es el universo? ¿Cuál es su origen? ¿De dónde viene la vida? ¿Cuál es la causalidad en el mundo corpóreo?

hay dos momentos en la contemplación del cosmos, como también los hay en la relación del hombre con la naturaleza. El inmediato de sumergimiento, arrebatados por las primeras impresiones, no racional y casi ni emotivo, porque la verdadera emoción en el hombre se produce en un retroceso de la conciencia que disfruta sus propios actos en un ensueño inteligente. Y en este primer momento está muy difuso lo racional. El segundo momento consiste en darse cuenta de las transformaciones; es una invitación a que nos consagremos a filosofar2

I. La cosmología Griega.

A pesar de que actualmente pueda parecernos un tanto ingenua la visión que los primitivos filósofos griegos tenían de la naturaleza, no carece de importancia. Es posible detectar en los pensadores de la antigua Grecia tres de los reduccionismos que en diversa medida afectarán a la filosofía de la naturaleza posterior: El fisicismo, el matematismo y el formalismo lógico. En estos casos se renuncia a buscar la inteligibilidad metafísica del mundo natural, contentándose con alcanzar una comprensión parcial, de tipo físico, matemático o lógico-formal.

El fisicismo presocrático

Su interés por los problemas de la naturaleza les valió la denominación de “naturalistas” o “físicos”. Es éste el caso de los filósofos de la escuela jónica (Tales, Anaximandro, y Anaxímenes), de Heráclito, y de los últimos presocráticos, como Empédocles, Anaxágoras y los atomistas Leucipo y Demócrito.

Su preocupación primordial es lograr una comprensión racional de la realidad natural; la búsqueda del principio (arjé) primero y absoluto de todo lo real se concibe como la determinación del elemento material (o elementos) a partir del cual se componen todas las cosas.

Para Tales sería el agua, Anaxímenes lo sitúa en el aire. El universo sería para Heráclito múltiple y uno, variado y rico, pero a la par reunido en una explicación principalmente interna y lógica. Se trata, sin embargo, más bien de una explicación genérica, casi diríamos abstracta. El sol es como un fuego que se apaga por la noche y se prende de nuevo por la mañana. “Si no hubiera sol, a causa de los demás astros, existiría la noche” (fragmento 99). Pero la noche, aceptada como lo contrario del día, sería destrucción y muerte; en el sol, por tanto, está el principio de la vida y de la razón. Porque Helios o el sol, representa para el cosmos, aquella armonía o solución de los opuestos que hemos admitido en el concepto del logos. El fuego, en este caso excelsamente representado por el sol, es la más adecuada explicación de la fluidez y variedad. Según Anaximandro el principio debe situarse en una causa material distinta de todas las substancias existentes, indeterminada e infinita, que denomina apeiron. Los últimos presocráticos se orientan hacia un principio múltiple: los cuatro elementos de Empédocles (fuego, aire, agua y tierra), las homeomerías de Anaxágoras y los átomos de Leucipo y Demócrito.

Actúa en ellos todavía aquel gran ensueño mítico y místico de una Grecia primitiva, expresada por órficos y pitagóricos, en la cual se mezclaban casi indistintos visión e intuición, razón y emoción. El hombre se sentía estrechamente hermanado a la naturaleza, inmerso en ella, aunque buscaba esporádicamente distinciones. La razón y el Logos no se daban todavía con suficiente claridad.

El matematicismo Pitagórico

Su solución del problema cosmológico desarrolló con profusión el estudio de las matemáticas, aplicándolas a diversos problemas físicos. La investigación de las armonías numéricas que regulan el comportamiento de los cuerpos les llevó a la absolutización de las matemáticas como norma de interpretación de la realidad física. El Pitagorismo asciende a una inteligibilidad suprasensible, aunque no metafísica, sino únicamente matemática.

El formalismo platónico

Sostiene que el ser y el devenir de los seres corpóreos exigen la subsistencia de Formas e Esencias Ideales. Las ideas constituyen la verdadera realidad, de la que los seres materiales participan imperfectamente. La experiencia sensible para Platón es únicamente opinión, pero no ciencia: no posee ningún valor en la determinación de las verdaderas características del ser corpóreo.

II. Época Moderna

Habrá que tener en cuenta que en esta época, algunas posturas idealistas llevarían a descuidar, o incluso a despreciar los problemas del mundo natural en el terreno propiamente filosófico. El idealismo, las diversas formas de positivismo o fenomenismo intentarán dar el golpe de gracia a la cosmología filosófica, la cual quedará reemplazada por una teoría de la ciencia.

El mecanicismo

Esta interpretación filosófica del mundo material (SXVI y XIX) surge de la extrapolación de un sector de la ciencia, la mecánica. Supone la pretensión de reducir la inteligibilidad del mundo exclusivamente al aspecto mecánico. Comenzó estudiando y construyendo máquinas que permitieran aprovechar del modo más favorable el esfuerzo humano, aunque posteriormente desvió su atención de los problemas de la estática hacia los dinámicos, hacia el examen matemático del movimiento de los cuerpos y de las fuerzas que lo causan. Su aplicación a los medios continuos (fluidos) permitió tratar los problemas ondulatorios y logró explicar los fenómenos del sonido y, en parte, los de la luz. La investigación científica consistiría primordialmente en la elaboración de modelos mecánicos de la naturaleza corpórea. Sólo a finales del siglo XIX el mecanicismo metodológico empieza a decaer como consecuencia del nacimiento del electromagnetismo y de la termodinámica moderna.

El auge de la mecánica dio lugar a concepciones filosóficas mecanicistas, que intentaban convertir el método de la física clásica en la única explicación del mundo material, y busca explicar los fenómenos naturales sólo en base al movimientos locales de corpúsculos extensos y masivos, negando la existencia de principios naturales corpóreos, como la esencia, la finalidad y las cualidades de los seres físicos.

Descartes elaboró una filosofía natural mecanicista donde identificaba materia y extensión. Esta identidad lo lleva a negar el vacío. El universo consiste precisamente en un sistema de vórtices mutuamente relacionados entre sí y que constituyen los planetas y sus órbitas, las estrellas y todos los cuerpos.

A diferencia de Descartes, la física de Newton se vio obligada a admitir algunos conceptos de tipo dinámico, como la noción de fuerza. Además el descubrimiento de la ley de gravitación universal hizo surgir la idea de “acción a distancia”, ligada a la concepción de corpúsculos moviéndose en un “espacio vacío” (o en un medio físico presupuesto, llamado “éter”). Además se continuó con el estudio de los fenómenos eléctricos y magnéticos.

El dinamismo

La realidad cosmológica es interpretada como un sistema de fuerzas, en el que no tendrían lugar las nociones de partícula o de espacio puro. Suele verse en Leibniz el punto de arranque del dinamismo, con su doctrina de las mónadas, substancias inextensas y elementales, cuya característica principal es la de ser principios activos.

El energetismo

A lo largo del S XIX la consideración de los problemas desde el punto de vista energético se mostraba en muchos casos más útil que el sólo estudio de las fuerzas, especialmente gracias al principio de conservación de la energía.

A consecuencia del descubrimiento de la equivalencia entre energía mecánica y calor, este principio se amplió a otros campos de la física; se desarrollaron los estudios acerca de la electricidad y del magnetismo. El energetismo filosófico fue formulado de modo sistemático por W. Ostwald, quien negó el dualismo entre materia y energía. Lo que ordinariamente se denomina “materia” no sería sino una elevada concentración de energía en una determinada región del espacio. La materia, fuerza pasiva espacial, sería una manifestación más de la energía, en contraposición con la fuerza activa.

III. Período Contemporáneo

En 1929 Edwin Hubble hizo la observación crucial de que, donde quiera que uno mire, las galaxias distantes se están alejando de nosotros. O en otras palabras, el universo se está expandiendo. Parece ser que hubo un tiempo, hace unos diez o veinte mil millones de años, en que todos los objetos estaban en el mismo lugar exactamente, y en el que la densidad del universo era infinita. Este momento (big bang) hubiera sido un tiempo infinitésimamente pequeño e infinitamente denso. Aún se puede imaginar que Dios creó el universo en el instante del big bang ya que un universo en expansión no excluye la existencia de un creador, pero “¡sí establece límites sobre cuándo éste pudo haber llevado su misión!”

El universo luego del big bang comenzó a enfriarse y a expandirse, este enfriamiento produjo que tanta energía comenzara a estabilizarse. Los protones y los neutrones se crearon y se estabilizaron cuando el universo tenía una temperatura de 100.000 millones de grados, aproximadamente una centésima de segundo después del inicio. Los electrones tenían una gran energía e interactuaban con los neutrones, que inicialmente tenían la misma proporción que los protones, pero debido a esos choques los neutrones se convirtieron mas en protones que viceversa.

En las décadas siguientes al descubrimiento de la relatividad general, los nuevos conceptos de espacio y tiempo iban a revolucionar nuestra imagen del universo. La vieja idea de un universo esencialmente inalterable que podría haber existido, y que podría continuar existiendo por siempre, fue reemplazada por el concepto de un universo dinámico, en expansión, que parecía haber comenzado hace cierto tiempo finito, y que podría acabar en un tiempo finito en el futuro.

En menos de medio siglo, la visión del universo, formada desde milenios, se ha transformado. El descubrimiento de Hubble de que el universo se está expandiendo, y el darnos cuenta de la insignificancia de nuestro planeta en la inmensidad del universo, fueron sólo el punto de partida. Conforme la evidencia experimental y teórica se iba acumulando, se clarificaba cada vez más que el universo debe haber tenido un principio en el tiempo, hasta que en 1970 esto fue probado finalmente por Roger Penrose y por S. Hawking, sobre la base de la teoría de la relatividad general de Einstein.

Esa prueba demostró que la relatividad general es sólo una teoría incompleta: no puede decirnos cómo empezó el universo, porque predice que todas las teorías físicas, incluida ella misma, fallan al principio del universo. No obstante, la relatividad general sólo pretende ser una teoría parcial, de forma que lo que el teorema de la singularidad realmente muestra es que debió haber habido un tiempo, muy al principio del universo, en que éste era tan pequeño que ya no se podrían ignorar los efectos de la otra gran teoría parcial del siglo XX, la mecánica cuántica. El logro final a partir de grandes esfuerzos se centra en combinar las dos teorías parciales (la teoría de lo extraordinariamente inmenso y la teoría de lo extraordinariamente diminuto) en una única teoría cuántica de la gravedad..

“La teoría del todo (o ToE por sus siglas en inglés) es una teoría hipotética de la Física teórica que explica y conecta en una sola todos los fenómenos físicos conocidos. Inicialmente, el término fue usado con una connotación irónica para referir a varias teorías sobregeneralizadas. Después el término se popularizó en la Física Cuántica al describir una teoría que podría unificar o explicar a través de un modelo simple de teorías de todas las interacciones fundamentales de la naturaleza.

Hubo numerosas teorías del todo propuestas por físicos teóricos en el siglo pasado, pero hasta ahora ninguna ha sido capaz de “aprobar” una prueba experimental. Han tenido tremendas dificultades para que sus teorías tengan resultados experimentales estables. El primer problema en producir una teoría del todo es que las teorías aceptadas, como la mecánica cuántica y la relatividad general, son radicalmente diferentes en las descripciones del universo: las formas sencillas de combinarlas conducen rápidamente a la “renormalización” del problema, en donde la teoría no nos da resultados finitos para datos cuantitativos experimentales. Empero, un grupo no desdeñable de físicos no espera que la teoría del todo sea descubierta3

En el desarrollo de análisis de esta realidad, “…cada vez que se comprueba que un nuevo experimento está de acuerdo con las predicciones, la teoría sobrevive y nuestra confianza en ella aumenta. Pero si por el contrario se realiza alguna vez una nueva observación que contradiga la teoría, tendremos que abandonarla o modificarla.”4

Texto base:
ARTIGAS/SANGUINETI, Filosofía de la Naturaleza. EUNSA, Pamplona, 1989.

1 KANT IMMANUEL, Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. FCE, UAM, UNAM, México, 2004

2 PARMÉNIDES/HERÁCLITO, Fragmentos. Biblioteca de Filosofía. Ediciónes Folio, Barcelona, 2002

3 http://www.vega.org.uk/video/programme/7 Consultado: 03 Octubre 2012

4 HAWKING, STEPHEN, Historia del Tiempo. Del big bang a los agujeros negros. Ed. Crítica, México, 1988.

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