La inteligencia artificial. ¿Hacia dónde nos lleva?

La inteligencia artificial. ¿Hacia dónde nos lleva?

A continuación se presentará en sus líneas generales el texto intitulado “La inteligencia artificial. ¿Hacia dónde nos lleva?”, escrito por Renato Gómez Herrera, licenciado en literatura, dramática y teatro. Cabe hacer mención del carácter del texto, pues, a pesar de aparecer en una revista de divulgación científica, a saber, la Revista de Divulgación Científica de la UNAM “¿Cómo ves?”, el artículo es de opinión, y tal anotación no es efímera. Y no lo es a causa del tema que aborda, que ha sido – y sigue siendo – analizado hondamente por distintas disciplinas, como por ejemplo, la filosofía de la ciencia, y con más auge actualmente la bioética, en las implicaciones éticas de la aplicación de la tecnología y su relación estrecha con la vida humana, ambas tocadas también en el texto. Sin embargo, a pesar de que, personalmente, esperaría una breve síntesis de las investigaciones actuales en el tema, y esto a causa del título del texto, el autor prefirió seguir una muy breve presentación temporal de los puntos más importantes y sobre todo, a mi parecer, intentó que nacieran en sus lectores los cuestionamientos sobre las implicaciones éticas, económicas y políticas de la inteligencia artificial en el futuro próximo, por lo que cabría ubicar el texto más en la reflexión filosófica que en la divulgación de los descubrimientos tecno-científicos.

Ya con esta pequeña anotación inicial podemos comenzar a acercarnos con más facilidad al texto, y ya se han marcado, aunque no lo parezca, las líneas esenciales del mismo, que podríamos calificar con el subtítulo del artículo: “Un vistazo al sueño humano de la creación”. Éste comienza a manifestarse en las artes, tanto en novelas como en películas, plagados de deseos, de sueños, de intereses fantásticos, y, lamentablemente, desde antaño, de intereses económicos. En esta encrucijada aparecen las primeras imágenes de esta relación cada vez más creciente entre los humanos y los “robots”, palabra acuñada desde 1921 por el escritor checo Karel Capek, y desde aquellos años, la imagen de estos “seres” inanimados ya era considerada como ayuda invaluable en las actividades humanas (desde los labores en casa, hasta visitas detalladas a otros planetas).

Es así que comienza el siglo XX y, en continuidad con este sueño que se dibuja desde tiempos bíblicos, la intención humana de crear compañeros, pero, a diferencia del todopoderoso, estos últimos serian construidos con el objetivo de sernos útiles, y, como ya podemos atisbar, esta palabra contiene en nuestros días una connotación económica muy fuerte, y el famoso “time is money” no me dejará mentir. Por eso los primeros brazos gigantes construidos en los ochentas estaban de la mano de la revolución industrial, complejo grandioso, que afectaría grandemente al obrero constante, vivo, humano.

Se hace mención, en esta línea de acontecimientos, de modelos capaces de caminar, de tener manos y ojos, de realizar pequeñas tareas, pero, sobre todo, de ser poseedores de “cerebros” cada vez más complejos, construidos a base de microchips y procesadores, de donde surge la intrínseca pregunta: ¿puede la inteligencia ser artificial?

Considera el autor que la inteligencia artificial puede “definirse como el medio por el cual las computadoras, los robots y otros dispositivos realizan tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana (…) agrupa un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas avanzados de computadora, busca imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y deductivos del cerebro humano. Se basa en la investigación de las redes neuronales humanas y, a partir de ahí, busca copiar electrónicamente el funcionamiento del cerebro”. Bajo esta concepción pueden entenderse en nuestros días, por ejemplo, grandes robots como los utilizados en el sector automotriz, ayudando a los conductores a planear la ruta, mantener una velocidad constante e incluso dirigir el volante y manipular los pedales, pero surgiendo asimismo la duda inquietante: ¿quién podrá costear uno de estos robots que “pretenden aligerar” las tareas de los humanos?

Para el autor esta no es una pregunta pasajera, sino que desde los comienzos de esta nueva era hasta las predicciones futuras persiste – y debe persistir – incansable, es decir, la pregunta ética, la pregunta ¿está haciendo algún bien o mal? sigue permeando el caminar tecnológico. Por esta convicción el autor hace acompañar esta pregunta al venidero próximo, a aquellos lugares únicamente imaginables y fantasiosos de los alcances de la tecnología, pero su predicción apunta positivamente: “Es casi seguro que la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico subsecuente estarán al servicio de una minoría. Si por el contrario, el desarrollo tecnológico –y específicamente la inteligencia artificial— se utiliza para lograr que todos en este planeta logremos un mejor nivel de vida en estricta relación con el medio ambiente, tal artificio será realmente inteligente”.

Presentación del artículo “La inteligencia artificial ¿Hacia dónde nos lleva?”, escrito por Renato Gómez Herrera, Revista “¿Cómo ves?”, consultado el 28 Noviembre 2015, de: http://www.comoves.unam.mx/assets/revista/2/la-inteligencia-artificial-hacia-donde-nos-lleva.pdf

¿Por qué has elegido este tema?

Durante un año tomé un curso enfocado en las implicaciones éticas del uso de las tecnologías y me abrió la mente a nuevos rumbos académicos, me descubrió un mundo de necesidades éticas y un gusto por el análisis de estas temáticas. Cuando leí los títulos de los artículos sobre los que podíamos hacer esta actividad, me emocioné pues tenía rato que no retomaba el tema y menos de un modo tan accesible como usualmente son los artículos de la revista citada. Así, por afinidad temática decidí primeramente, después a causa de la facilidad que tendría de encontrar referencias bibliográficas que sustentaran aquello que fuera a leer, en caso de que el trabajo de análisis lo requiriera.

¿De dónde partiste para escribir?

Primeramente leí completo el artículo para darme una idea del contenido general. En un segundo momento lo releí teniendo en cuenta las ideas principales y las subordinadas, para detectar el tema principal, los secundarios y si el título coincidía o resumía lo contenido (con respecto a este último apartado, no creo que el título corresponda con el texto que se presentó, sin embargo no es un texto deficiente ni mucho menos). Una vez identificado el objetivo del texto, las ideas principales y las subordinadas decidí que no haría un resumen del texto l estilo “copiar-pegar”, si no hacer un resumen/comentado, siguiendo las líneas principales. De ese modo intenté cumplir con el requisito de la tarea pedida y me divertí más que haciendo un simple reporte, lo que en el contenido teórico de la unidad consideró como leer “tras las líneas”, después de leer las líneas y leer entre ellas, para lograr un diálogo con el texto; aun así, no incluí más que la idea principal del autor, pues consideré poco prudente añadir una discusión.

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